domingo, 12 de julio de 2026

Columna del día

El propósito de la vida: el viaje hacia uno mismo
Marcelo Torres Cruz
Encontrar el propósito de la vida no es un ejercicio de motivación barata ni una lista de instrucciones pegadas en una pared. Es una guerra silenciosa contra el miedo, contra las voces heredadas que nos dijeron quiénes debíamos ser antes de preguntarnos quiénes éramos realmente. La sociedad nos empuja a correr detrás del éxito, pero pocas veces nos enseña a detenernos para escuchar ese murmullo interior donde habita la verdadera pasión. Allí, en ese territorio incómodo y oscuro, comienza la búsqueda de un destino que no se compra ni se imita.
Después llega la pregunta más difícil: ¿en qué eres realmente bueno? No se trata de acumular diplomas ni de coleccionar aplausos. Los talentos suelen esconderse detrás de las heridas, de las derrotas y de las cicatrices que la vida dejó abiertas. Hay personas que descubren su fortaleza cuando todo parece derrumbarse; otras encuentran su vocación al acompañar el dolor ajeno. El propósito aparece cuando el don deja de ser un privilegio personal y se convierte en una herramienta para transformar la existencia de otros.
Sin embargo, un propósito que no dialoga con las necesidades del mundo termina marchitándose. Vivimos en una época donde abundan las pantallas, pero escasean los abrazos; donde sobra información, pero falta sentido. El desafío consiste en conectar aquello que amamos con los problemas que necesitan solución y, al mismo tiempo, aprender a darle un valor económico sin vender el alma. Ganar dinero no debería ser el destino final, sino la consecuencia natural de servir con excelencia y autenticidad.
Al final comprendemos que el éxito no está en la cuenta bancaria ni en los reconocimientos públicos. El verdadero triunfo ocurre cuando despertamos cada mañana sabiendo que nuestra existencia tiene un significado que trasciende el miedo y la rutina. Entonces la felicidad deja de ser un accidente y se convierte en una forma de caminar por el mundo. Encontrar el propósito de la vida es, quizá, el acto de rebeldía más profundo: negarse a vivir una historia escrita por otros y atreverse, con todas las cicatrices a cuestas, a escribir la propia.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Educación Iberoamericana por la paz

Es un honor participar en la Red Iberoamericana de Educadores para la Paz, un espacio de encuentro, reflexión y construcción colectiva que i...