Acompañamiento Emocional

María de los Ángeles: cuando la verdadera batalla ocurre por dentro

Hay personas que llegan al acompañamiento terapéutico creyendo que el enemigo está afuera. Culpando al pasado, a la familia, a la mala suerte o a quienes les hicieron daño. Pero la verdadera revolución comienza cuando descubren que el combate más difícil se libra frente al espejo. María de los Ángeles García emprendió ese viaje. Desde hace varios meses, en un proceso de acompañamiento terapéutico emocional liderado por Marcelo Torres Cruz, desde la Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familias, comprendió que sanar no consiste en olvidar la historia, sino en dejar de obedecerle. La educación popular terapéutica no entrega recetas: provoca preguntas, confronta heridas y convierte la experiencia en una escuela donde el dolor deja de ser condena para transformarse en conocimiento.

Con disciplina, valentía y una profunda disposición para cambiar, María fue desmontando la ansiedad, fortaleciendo su capacidad de atención y recuperando la confianza en sí misma. Descubrió que el deporte también podía ser una forma de reconciliarse con su cuerpo y que el amor propio era la única frontera que nadie podía conquistar por ella. Hoy inicia una nueva etapa de pareja, construye un hogar y se atreve a emprender con su tienda de mascotas en el barrio La Castellana. Nada de eso ocurrió por azar. Es el resultado de una educación terapéutica que entiende que cada ser humano puede reconstruir su identidad cuando aprende a mirar sus cicatrices sin miedo y a convertirlas en la fuerza que impulsa sus decisiones.

Los grandes triunfos rara vez hacen ruido. No aparecen en los titulares ni reciben aplausos multitudinarios. Se parecen más a una mujer que un día deja de sobrevivir para empezar a vivir; a una madre que decide ser ejemplo; a una compañera que aprende a amar sin perderse; a una emprendedora que abre las puertas de su negocio después de haber abierto primero las puertas de su propia conciencia. Esa es la esencia del trabajo que impulsa Marcelo Torres Cruz desde la Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familias: una educación popular terapéutica que no forma espectadores, sino protagonistas de su propia transformación. Porque la victoria más importante nunca ha sido vencer a los demás; siempre ha sido conquistar la propia historia para escribir, con libertad, un destino diferente.


Kalid Santiago y el arte de despertar
Un día, sin hacer ruido, Kalid Santiago despertó.
No porque el mundo fuera amable, sino porque el dolor dejó de ser un enemigo y se convirtió en maestro.
Hubo meses —y quizás años— en los que la ansiedad y la sombra de la depresión parecían hablar más fuerte que sus sueños. Momentos en los que la vida parecía una habitación sin ventanas. Pero Kalid hizo lo que pocos se atreven: miró hacia adentro sin huir. Y al mirarse, empezó a transformarse.
Obtener su título de bachiller no fue solo un logro académico. Fue un acto de valentía. Fue decirle a la vida: “aquí sigo”. Fue cerrar un ciclo que muchos abandonan cuando el alma pesa más que los libros.
Kalid comenzó a trabajar, no solo para sostenerse, sino para creerse capaz. Empezó a caminar hacia sus sueños con pasos pequeños, pero verdaderos. Hoy estudia música, y no porque quiera fama, sino porque la música es el idioma que su corazón aprendió para no romperse.
En su maleta no lleva certezas, lleva sueños.
Sueños imperfectos, polémicos, distintos.
Sueños que no encajan fácilmente, como él mismo.
Ha sido formado por el amor silencioso de su hermana y el abrazo persistente de su familia. Y en ese camino, fue orientado por el maestro Marcelo Torres Cruz, no como quien impone un destino, sino como quien acompaña, escucha y señala el horizonte cuando el caminante duda.
Kalid quiere ser músico, artista, voz incómoda si es necesario. Controvertido no por rebeldía vacía, sino por fidelidad a sí mismo. Porque cuando uno despierta, ya no puede fingir estar dormido.
Y tal vez —como diría Anthony de Mello— la verdadera graduación de Kalid no fue recibir un diploma, sino dejar de vivir para sobrevivir y empezar a vivir para expresarse.
Hoy no celebramos solo a un bachiller.
Celebramos a un joven que eligió la conciencia en lugar del miedo.
Y eso, en un mundo anestesiado, es un acto profundamente revolucionario.


Cristian Ospitia Gerencia Bancaria 

En el camino de acompañar seres humanos he aprendido que los grandes cambios no siempre nacen de los escenarios más visibles, sino de esas batallas silenciosas que cada persona libra consigo misma. Hace aproximadamente un año tengo el honor de acompañar como coach a Cristian y a su hermosa familia: Antonella, Samantha y Lorena. En ellos he encontrado un grupo humano que decidió mirarse, organizarse y construir juntos un propósito más grande. Una familia que entiende que crecer no es solamente alcanzar metas individuales, sino fortalecer los vínculos, la confianza y la visión compartida.

Cristian es una persona que representa la disciplina de quien no se conforma. Su labor en el campo de la seguridad bancaria internacional, su trabajo en escenarios globales y su capacidad de organización reflejan una mente enfocada en los procesos, en la preparación y en la construcción del futuro. Pero más allá de sus logros profesionales, he podido observar a un hombre que trabaja constantemente en su mundo interior, que enfrenta sus propios desafíos, que aprende de sus experiencias y que busca transformar aquello que en algún momento lo limitó en una nueva fuerza para avanzar.
Hoy veo cómo abre nuevas puertas en su vida: fortaleciendo su formación, iniciando nuevos caminos académicos como su maestría y ampliando sus horizontes empresariales y personales. Su participación como conferencista en el Congreso Internacional sobre Prevención de Fraude Financiero (COIPREF Panamá 2026) es una muestra de ese proceso; un reconocimiento al conocimiento, a la experiencia y a la capacidad de aportar en espacios internacionales. Para mí es un orgullo acompañarlo en este momento, porque este logro es apenas una pequeña estación dentro de todos los caminos que aún están por recorrer.
Las grandes metas no aparecen de un día para otro; se construyen con paciencia, con decisiones conscientes y con la valentía de mirarse profundamente. Cristian y su familia han elegido caminar hacia una versión más amplia de ellos mismos, donde la mente, el trabajo y el amor familiar se convierten en herramientas de transformación. Acompañarlos ha sido ser testigo de una historia que apenas empieza a escribir sus capítulos más importantes.



El domingo tenía la textura extraña de esos días en los que uno apenas logra distinguir el límite entre el sueño y la vigilia. Había caído en una siesta breve —de esas que no curan el cansancio sino que lo reorganizan en capas más profundas— cuando sonó el teléfono. Al otro lado de la línea, una voz entrecortada por la angustia: doña Olga Yepes.

La conocía de nombre, una amiga cercana a la Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familia. Pero ese día, su voz tenía una urgencia distinta, algo en la respiración, algo en el temblor con que pronunció su primera frase: “Habla con la fiscal de la URI de Kennedy.” Mi cuerpo entero se activó como si un código desconocido se hubiera ingresado en mi sistema. ¿Qué había hecho? ¿Qué delito podía haber cometido yo?
La respuesta me tomó por sorpresa: “No, nada. Solo necesito que atienda a mi hijo. Que lo acompañe.”
Así conocí a Juan David. Ingeniero. Brillante. Pero más allá de los títulos, era un joven lleno de aristas, de preguntas, de caminos por explorar. Él llegó a enseñarme, sin saberlo, nuevas formas de mirar la vida. Su presencia fue una especie de espejo que no solo reflejaba lo que yo era, sino también lo que aún podía llegar a ser. Con él aprendí a construir —literal y simbólicamente— puentes entre generaciones, entre heridas y esperanzas, entre ciencia y alma.
Y fue entonces cuando conocí de verdad a doña Olga. Su nombre ya no era solo un registro en la memoria institucional de la Corporación, sino una presencia constante, una mujer que resistía en silencio. De esas madres que no salen en los noticieros, pero que cargan sobre los hombros la entera estructura moral de una comunidad. Su voz ya no era solo preocupación: era ternura, lucha, temblor, sabiduría. Una mujer que ha caído muchas veces, sí, pero que ha tenido la osadía de levantarse siempre, incluso cuando no quedaba nada.

Hoy la presento no como una usuaria, ni como una madre angustiada, sino como lo que realmente es: una heroína anónima. Una mujer que ha hecho de su vida un proyecto de cuidado, de lucha, de transformación. Para la Corporación y para mí, doña Olga Yepes es una mujer ejemplar. No por sus gestos grandilocuentes, sino por esa forma íntima, casi secreta, de estar siempre ahí. Como un faro discreto en medio de la tormenta.

Samuel,
la vida no te dio una segunda oportunidad…
te diste cuenta de que siempre la tuviste.
Un día dejaste de pelear con la oscuridad
y encendiste una pequeña luz dentro de ti.
No fue la medalla la que te hizo fuerte,
fue el momento en que decidiste no rendirte más.
Hoy celebran tu oro,
pero lo verdaderamente valioso
no cuelga de tu cuello:
vive en tu espíritu, en tu disciplina silenciosa,
en esas batallas que nadie vio
y que ganaste cuando parecía imposible.
El mundo dirá que ahora representas a Bogotá,
pero quienes te conocemos sabemos
que representas algo más grande:
la esperanza que se levanta,
la vida que se reconstruye,
el alma que aprende a volver a creer.
No olvides esto, Samuel:
no corriste para ganar,
ganaste porque ya habías aprendido a correr hacia ti mismo.
Con profundo orgullo y gratitud por tu camino.
Estimada Adiela:

En el proceso terapéutico, has logrado paz personal y ascendido a Supervisora de Mantenimiento en Claro. ¡Felicidades!

Tu camino hacia la paz personal ha sido un proceso de crecimiento y transformación. Has aprendido a gestionar tus emociones, fortalecer tu autoestima y desarrollar herramientas para afrontar los desafíos de la vida con mayor serenidad y confianza.

Tu desempeño profesional ha sido admirable. Tu dedicación, responsabilidad y habilidades te han llevado a ocupar un puesto de mayor responsabilidad dentro de Claro.

Es un orgullo para mí haberte acompañado en este camino. Agradezco tu confianza y te deseo muchos éxitos en tu nueva etapa como Supervisora y en tu vida personal.

Atentamente,

Marcelo Torres Cruz

Con profunda alegría quiero presentarles a Wendy Gutiérrez y Mariela Ferreira, dos mujeres a quienes tengo el privilegio de acompañar como coach, entrenador y guía emocional en sus procesos de crecimiento.
Mariela, oriunda de Buenos Aires, es una prestante abogada, una profesional sólida y una mujer admirable que honra su vocación con compromiso, disciplina y sensibilidad humana. Su trayectoria habla de constancia, carácter y una visión clara de lo que significa construir una vida con propósito.
Wendy, barranquillera radicada en Argentina, es una mujer valiente que se ha abierto camino con esfuerzo y determinación en Buenos Aires. Su historia está marcada por la perseverancia, la capacidad de reinventarse y la fuerza de quien decide crear oportunidades incluso lejos de su tierra natal.

Acompañar a estas dos mujeres en sus procesos es un motivo de orgullo y gratitud, porque representan la fuerza, la resiliencia y la decisión de crecer cada día hacia su mejor versión.

Reina del Carnaval

Un abrazo muy especial para Sharit Muñoz, quien fue coronada como Reina del Festival de Blancos y Negros en Pasto. Tuve el honor de acompañarla en su proceso emocional en Leiva, Nariño. Muchas felicidades para ella y su familia, especialmente para su mamá, doña Nancy.


La Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familias hoy no solo felicita: hoy abraza el milagro del camino recorrido. Celebramos a Angie Denise Sánchez Gacha, mujer sembradora de sueños, integrante del equipo de implementación de la corporación, quien durante años encendió sonrisas y voluntades como profesora de la Escuela Circo Corporal, y que también ha sido guardiana de la cultura en la localidad de Puente Aranda, donde su paso ha dejado huellas que no se borran.

Hoy su nombre se pronuncia distinto, con una luz nueva: Angie es nueva profesional en las artes. Y la vida, generosa, le responde al esfuerzo con alas. Para la corporación es honor, placer y orgullo verla cumplir sus sueños a cabalidad, como quien atraviesa la noche confiando en que el amanecer existe.

Y para Marcelo Torres Cruz, su coach, su acompañante del alma, este logro es también una ofrenda de alegría: saber que uno de los propósitos más profundos de su vida se ha cumplido, acompañar, fortalecer, brindar herramientas, y ver florecer. Porque el verdadero maestro no camina delante, ni detrás… camina al lado.

Que vengan ahora los nuevos vuelos, los nuevos escenarios, los nuevos desafíos. Que la vida te siga llamando por tu nombre, Angie, y tú sigas respondiendo con arte, con valentía y con amor. Seguimos trabajando por el bienestar, celebrando que los sueños, cuando se cuidan, sí se vuelven realidad.





Felicitación a mi pupilo, Miguel Ángel Arias

Felicito con orgullo a mi pupilo Miguel Ángel Arias, de Soacha, Cundinamarca, por haber obtenido el primer lugar en la prueba de matemáticas en Soacha, destacándose entre los mejores estudiantes. Este logro refleja no solo su talento académico, sino también su crecimiento emocional y personal, resultado de su constancia y compromiso.

Miguel Ángel, un joven de la categoría infantil, sigue demostrando que con disciplina y perseverancia se alcanzan grandes metas. ¡Nuevos logros y nuevos triunfos vendrán para este muchacho ejemplar de Soacha!



























Felicidades a Juan

 Quiero felicitar de forma grata a mi querido Pupilo, Juan Valenzuela, por haber obtenido su título de abogado. Juan es un muchacho inteligente que se fortaleció con el acompañamiento emocional y ha demostrado una gran dedicación en su camino. Espero que continúe por una senda llena de éxitos y logros. ¡Felicidades, Juan!


Conocí a Nicolás en un momento en el que su horizonte aún no estaba trazado. Era un muchacho con una energía intacta, con la intuición de que había algo más allá, pero sin un mapa claro que lo guiara. Tenía destrezas naturales para las ventas, estudiaba inglés con disciplina, y en medio de esa búsqueda vi en él una chispa, un potencial que pedía ser despertado.


Fue entonces cuando comenzó un camino distinto: el del liderazgo, el de la mentalidad, el de descubrir en sí mismo aquello que a veces dormita en la sombra esperando ser nombrado. Poco a poco, Nicolás empezó a reconocer que su vida podía tener una ruta, un sentido. Y fue así como, con decisión y coraje, eligió la psicología como horizonte vital.

Hoy, Nicolás es estudiante de la Universidad Cooperativa, y no solo eso: ha logrado destacar con uno de los puntajes más altos de la institución, confirmando lo que desde el inicio era apenas una intuición. Yo, que he sido su coach y acompañante, me siento profundamente orgulloso de llamarlo mi pupilo, no solo por lo que ya ha conseguido, sino por todo lo que está por venir.

Este logro no es solo suyo. Es también un homenaje a la fuerza y el amor de su madre, Doña Zoe Ojeda, al respaldo de su padre, a la complicidad de sus hermanos y hermanas. A todos ellos, mi abrazo. Que la familia entera se sienta orgullosa de lo que han sembrado, porque en Nicolás germina un futuro luminoso, un camino que seguiremos recorriendo juntos, con la certeza de que lo mejor está apenas comenzando.




Personaje del Mes: Juan Sanabria Garzón


El peso del alma y la fuerza del cuerpo

Por Marcelo Torres Cruz

A veces la vida se levanta antes que el sol. Tiene la piel fría del amanecer y el temblor de quien carga en sus hombros más que su propio cuerpo. Así era Juan Sanabria Garzón cuando lo conocí: un muchacho de mirada encendida, de esos que no hablan con palabras sino con músculos tensos y respiraciones hondas.

La calistenia no era para él solo un deporte; era una forma de sobrevivir al caos interior, una manera de no dejarse caer del todo. Venía herido, como tantos jóvenes que han tenido que aprender a resistir sin tener quien les enseñe a sanar. En su historia había fragmentos de dolor, de búsquedas, de silencios familiares. Pero también había una llama, una pasión que no se apaga fácil. En cada barra, en cada salto, en cada dominada, Juan parecía decirle al mundo que su historia no iba a terminar en derrota.

Lo vi levantarse más de una vez, con las manos rasgadas y los ojos llenos de obstinación. Y fue allí, en el entrenamiento, donde entendí que el cuerpo es solo la superficie del alma. Lo que realmente se entrena en la calistenia no son los músculos, sino la voluntad. Lo que se fortalece no son los brazos, sino la fe.

Hoy, cuando sé que Juan Sanabria Garzón se ha convertido en campeón departamental, cuando lo veo alcanzar sus sueños con la misma fuerza con la que antes sostenía su tristeza, no puedo sino agradecer. Agradecer al universo por haberme permitido acompañarlo, por haber puesto en mi camino a un joven que me recordó que la grandeza no se mide en medallas, sino en la capacidad de transformar el dolor en impulso.

Juan es más que un atleta. Es un símbolo. Es la esperanza de que, desde una esquina cualquiera, un muchacho con el alma agrietada puede levantarse y construir un país distinto, uno donde la disciplina y la pasión sean las nuevas formas de resistencia.

Que siga soñando, que siga venciendo. Que llegue al campeonato nacional y, ojalá, a los torneos internacionales. Pero sobre todo, que nunca olvide lo más importante: que su verdadera victoria no está en el podio, sino en el hecho de haberse salvado a sí mismo.

 Pilar Prieto es una mujer que lleva la vida tatuada en la piel desde muy temprano. A los quince años empezó a recorrer un camino áspero y luminoso a la vez, un trayecto en el que aprendió que los sueños no se alcanzan sin antes habitar la intemperie, sin antes cruzar los laberintos del esfuerzo y la persistencia. En los últimos tiempos me ha honrado con algo que no se dice a la ligera: me ha permitido ser su acompañante emocional, un testigo cercano de su metamorfosis.

Hoy, todo ese recorrido deja una huella imborrable. La Alcaldía de Salento ha reconocido su proyecto Spa Luna Azul, y con ello ha sellado públicamente lo que muchos ya intuíamos: que se trata de una de las propuestas más esperanzadoras para la región. No es solo un espacio de descanso o de turismo. Es un lugar donde la restauración del cuerpo y del espíritu dialoga con la naturaleza; un proyecto ecoturístico que se atreve a mirar más allá de lo evidente y que, en su osadía, logró imponerse incluso sobre hoteles y experiencias que llevan décadas consolidadas.

Pero la vida, con sus giros inesperados, también le regala a Pilar otra victoria íntima y luminosa: en este momento va a ser mamá. Ese anuncio resuena como un triunfo secreto, quizá el más especial de todos, porque significa el comienzo de una nueva historia, la de la vida que llega para ampliar su horizonte. Y junto a ello, el inicio de su vida en pareja, un territorio que abre nuevas posibilidades y que, estoy seguro, le permitirá alcanzar grandes resultados en lo personal y en lo humano.

Hoy quiero felicitarla, porque su triunfo no es únicamente personal: es la demostración de que la autenticidad, cuando se cultiva con paciencia y coraje, termina abriéndose camino. Desde la Corporación celebramos con orgullo este reconocimiento y acompañamos con entusiasmo lo que viene.

Los invito a entrar en su universo, a descubrir su mirada y su visión en Instagram. Allí late la esencia de Spa Luna Azul, un sueño que ya es realidad y que empieza a expandirse como un río sereno que todo lo transforma.















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