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miércoles, 12 de agosto de 2026

Educación

En 2009, la presentación de mi libro Un Pasajero Sin Equipaje, publicado con Dimensión Educativa, fue mucho más que el lanzamiento de una obra. Fue el encuentro con una historia compartida de la educación popular en Colombia, en un momento especialmente significativo, pues sería el último libro producido por esta entidad, referente durante décadas de la educación popular en nuestro país. Allí estuvimos algunas de las personas que habíamos conformado un gran equipo pedagógico: Rafael Antolines, decano del Doctorado de la Universidad Santo Tomás; Carlos Eduardo Galán, reconocido por su trayectoria en educación y derechos humanos y por su relación con organismos internacionales como la ONU y la OEA; Carlos Salinas, quien había contribuido de manera importante a la administración y fortalecimiento de la jornada nocturna del Colegio Distrital Nuevo Chile; y yo, Marcelo Torres Cruz, quien después de varios años en el Nuevo Chile llegaba a Dimensión Educativa para acompañar procesos de educación popular.
Hoy, cuando regreso con la memoria a aquella fotografía y a aquel encuentro, entiendo que no estábamos simplemente alrededor de un libro: estábamos alrededor de una manera de entender la educación. Cada uno, desde su propio camino, había comprendido que educar no era únicamente llenar de conocimientos la cabeza de alguien, sino acompañarlo a descubrir su propia voz, reconocer su dignidad y comprender que la realidad también podía ser transformada. Éramos parte de una generación que creyó que las aulas podían convertirse en lugares de encuentro, pensamiento y resistencia; que la educación popular podía caminar junto a quienes históricamente habían sido escuchados poco y que un libro podía ser, en ocasiones, una pequeña forma de dejar memoria frente al olvido.
Han pasado diecisiete años y la vida nos ha llevado por caminos diferentes, pero algunas convicciones sobreviven al paso del tiempo. Un Pasajero Sin Equipaje quedó como testimonio de una época y de un grupo de hombres que, desde diferentes lugares, intentamos aportar a la educación colombiana. Hoy lo recuerdo no solamente como el libro que publiqué en 2009, sino como una estación de un viaje colectivo que todavía continúa. Porque al final, quizás educar consiste precisamente en eso: ayudar a que otros encuentren las palabras para nombrar su realidad, la fuerza para cuestionarla y el valor para transformarla.

Educación

En 2009, la presentación de mi libro Un Pasajero Sin Equipaje, publicado con Dimensión Educativa, fue mucho más que el lanzamiento de una ob...