martes, 22 de septiembre de 2026

EL PADRE DARÍO ECHEVERRI: UN MAESTRO DE LA RECONCILIACIÓN

EL PADRE DARÍO ECHEVERRI: UN MAESTRO DE LA RECONCILIACIÓN
Hay reconocimientos que no solamente honran a una persona; también nos permiten recordar los caminos, las enseñanzas y las personas que, en algún momento de nuestra vida, dejaron una huella profunda. Hoy quiero expresar mi alegría y gratitud por el reconocimiento otorgado al padre Darío Echeverri González, misionero claretiano, quien recibió del Concejo de Bogotá la Orden Civil al Mérito José Acevedo y Gómez, en el grado Gran Cruz, por su trayectoria de servicio y compromiso con la paz y la reconciliación de Colombia.
Tuve el privilegio de conocer al padre Darío cuando era muy joven, aproximadamente a mis veinte años. En aquella etapa de mi vida fue mi director espiritual y mi acompañante emocional. Recuerdo en él no solamente al sacerdote, sino al hombre capaz de escuchar profundamente, de acompañar sin imponer respuestas y de ayudar a descubrir en medio de las búsquedas de la juventud un horizonte de sentido. Muchas de esas conversaciones, de esas preguntas y de esos silencios quedaron sembrados en mi camino personal y también en mi manera de comprender la educación, la espiritualidad y el acompañamiento humano.
Por eso este reconocimiento tiene para mí un significado especial. El padre Darío ha dedicado buena parte de su vida al servicio de la reconciliación y la paz. Durante más de dos décadas estuvo vinculado a la Comisión de Conciliación Nacional, acompañando desde la Iglesia procesos relacionados con la paz, el diálogo y la reconciliación en un país profundamente marcado por la violencia.  Su trayectoria también ha estado ligada a la Basílica del Voto Nacional, un lugar cuya propia historia está relacionada con la búsqueda de reconciliación en Colombia.
Hoy, desde la distancia de los años, puedo reconocer que aquel joven que buscaba orientación encontró en el padre Darío una presencia que acompañó parte de su camino. Por eso celebro este homenaje no solamente como un reconocimiento institucional, sino como una manera de decir gracias. Gracias por escuchar, por acompañar, por creer en la reconciliación cuando parecía difícil, por trabajar por la paz y por mantener viva la esperanza de que Colombia puede aprender a encontrarse con el otro.
Como antiguo acompañado suyo, me siento profundamente honrado de haberlo tenido como director espiritual y acompañante en una etapa fundamental de mi vida. Hoy doy gracias a Dios por su vida, por su servicio y por esta merecida distinción. Que este reconocimiento sea también un abrazo de quienes, como yo, hemos recibido alguna vez de él una palabra, una escucha, una orientación o simplemente la presencia necesaria para continuar caminando.
Gracias, padre Darío, por haber sido parte de mi historia y por seguir siendo, para muchos, un hombre comprometido con la reconciliación y la paz de Colombia. — Marcelo Torres Cruz

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