En el Colegio Quiroga Alianza IED, en la localidad de Rafael Bolívar, el profesor Marcelo Torres Cruz, director ejecutivo de la Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familias, ofreció una conferencia que más que un encuentro académico, fue una invitación a volver al origen, a esa raíz donde la emoción humana comienza a modelar la vida.
Habló de las enfermedades emocionales en la vida intrauterina, de esos dolores que no nacen del cuerpo sino de la historia, de los silencios que el alma escucha antes de abrir los ojos al mundo. Y recordó que en cada ser humano hay un pequeño archivo de la ternura que lo salvó y de la ausencia que lo marcó.
Luego, detuvo su palabra sobre el desarrollo emocional de la familia, ese territorio donde la educación no se dicta, sino que se respira. Allí donde el amor funda la primera gramática, y donde los padres, sin saberlo, escriben con sus gestos los primeros libros de la infancia.
Y finalmente habló del acercamiento y reconocimiento de los afectos familiares, de esa necesidad de contarnos no por lo que poseemos, sino por lo que amamos. Porque las familias —dijo— son sistemas de memoria y esperanza, constelaciones de sentimientos que nos sostienen cuando el mundo parece desmoronarse.
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