Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familia
Personaje del Mes: Juan Sanabria Garzón
El peso del alma y la fuerza del cuerpo
Por Marcelo Torres Cruz
A veces la vida se levanta antes que el sol. Tiene la piel fría del amanecer y el temblor de quien carga en sus hombros más que su propio cuerpo. Así era Juan Sanabria Garzón cuando lo conocí: un muchacho de mirada encendida, de esos que no hablan con palabras sino con músculos tensos y respiraciones hondas.
La calistenia no era para él solo un deporte; era una forma de sobrevivir al caos interior, una manera de no dejarse caer del todo. Venía herido, como tantos jóvenes que han tenido que aprender a resistir sin tener quien les enseñe a sanar. En su historia había fragmentos de dolor, de búsquedas, de silencios familiares. Pero también había una llama, una pasión que no se apaga fácil. En cada barra, en cada salto, en cada dominada, Juan parecía decirle al mundo que su historia no iba a terminar en derrota.
Lo vi levantarse más de una vez, con las manos rasgadas y los ojos llenos de obstinación. Y fue allí, en el entrenamiento, donde entendí que el cuerpo es solo la superficie del alma. Lo que realmente se entrena en la calistenia no son los músculos, sino la voluntad. Lo que se fortalece no son los brazos, sino la fe.
Hoy, cuando sé que Juan Sanabria Garzón se ha convertido en campeón departamental, cuando lo veo alcanzar sus sueños con la misma fuerza con la que antes sostenía su tristeza, no puedo sino agradecer. Agradecer al universo por haberme permitido acompañarlo, por haber puesto en mi camino a un joven que me recordó que la grandeza no se mide en medallas, sino en la capacidad de transformar el dolor en impulso.
Juan es más que un atleta. Es un símbolo. Es la esperanza de que, desde una esquina cualquiera, un muchacho con el alma agrietada puede levantarse y construir un país distinto, uno donde la disciplina y la pasión sean las nuevas formas de resistencia.
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